RECOMENDACIONES

Los trabajos escritos deben tener un tamaño de una cuartilla (carta, tipo de letra Times New Roman tamaño 14); las fotos, dibujos pinturas y afines, deben ser en formato JPG tamaño máximo 10 X 15 centímetros a 200 dpi.
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Cada autor se hace responsable de sus escritos y/o trabajos, así como cada comentario es la expresión de nuestros lectores.


domingo, 29 de enero de 2017

MONTES DE MARÍA

Por: Rafael Carrascal Vergara

Para María Eugenia

En tus montes, María,
Trepo y cabalgo tus laderas.
Avanzo frenético por tus cimas.
Mis manos resbalan. Combato.
La lluvia de mi cuerpo
cae en tu cuerpo.

En tus montes, María,
trepo y cabalgo.
En exploración profunda
avanzo por tus cerros
redondos y cálidos.
Avanzo de frente por tus cerros
y me baño en tu poza.

En tus montes, María,
bajo a la cueva a saciar
la sed de tus misterios.
Moja el éxtasis la flor.

O ES HOY O NO ES NUNCA

Por: Oswaldo Karo Amaya


La mujer morena, de ojos verdes, le dice al marido:
—No lo hagas hoy, deja eso para otro día.
—Ya he esperado mucho –le responde él.
—¡El corazón me dice que hoy no es el día! –expresa ella, con un tinte de amargura en la voz.
—El mío me reprocha porque aún no lo he hecho –le contesta el hombre–. Y abandona el hogar después de ver la alegría infantil de sus hijos corretear un balón por toda la casa.

La noche está callada. Nadie se ve en la calle larga y vacía. Evento que es explicable porque en los últimos tiempos las gentes de El Sueño se acuestan temprano y ni siquiera sacan las narices a las puertas de las casas por temor a los asesinos que llegan con las sombras.

Los vientos de la montaña silban a su paso por la calle. Las estrellas encaramadas en el cielo oscuro se asoman al precipicio sin fondo de la noche y derraman un polvillo de luz. El hombre llega a la casa de madera; y se para frente a ella, con dos galones de gasolina recostados a sus pies y un machete colgado a la cintura. Empieza a sudar y se quita la camisa. 
—Para vivir en paz conmigo mismo debo hacerlo –se dice–. Estos miserables tormentos de la conciencia no me dejan vivir tranquilo. Ya no hay vuelta atrás. O es hoy o no es nunca.

La idea está fija en su pensamiento. Tiene que ser hoy. De un manotón rabioso aplasta contra la cara el zumbido de un mosquito. El puñal de su mirada atraviesa la distancia que hay de sus pies a la casa. Siente ganas de toser pero ve pasar muy cerca de él un comando de los hombres que los Dueños del Botín alquilan para cuidar su pillaje, y se ve obligado a empujar su tos hacia dentro con la complicidad de la mano izquierda. En el puño cerrado de la mano derecha tiene un encendedor.
—Hasta hoy cargo con la vergüenza de no pasarle la cuenta de cobro a este…. No alcanza a decir “hijo de perra” porque el ladrar de los perros de la vecindad espanta las palabras de su boca.

Mira los dos galones de gasolina que tiene a los pies. Hace un gesto despectivo con sus hombros y se dice “la suerte está echada”, y sigue atravesando con el filo de los ojos el lienzo de la noche. 

Siente un arañazo en la tela del pantalón, mira al piso y descubre una serpiente venenosa agarrada al dril de la vestimenta. Sacude la pierna. La culebra cae a dos metros, salta sobre ella y le arranca la cabeza con el filo del machete. En ese instante, su pecho se inunda de los arrestos que le faltaron años atrás para cobrarle al amo de la casa de madera lo que le debe.
—El malparido siempre robó a mi padre. 

Se traga de dos zancadas la distancia que lo separa de la casa. Cauteloso como un gato camina alrededor de la vivienda, esparce la gasolina, y el olor del líquido llena de satisfacción sus pulmones. Una amarga sonrisa se posa en las esquinas de sus labios. Abre el puño cerrado de la mano derecha; en ella se asoma el chasquido de un yesquero que luce una flama en el pabilo; ésta salta cómplice hasta el combustible regado. Una paloma de fuego se revela en sus ojos. El pequeño universo de la vivienda es devorado por una inmensa bola roja de llamas crujientes mientras el hombre se aleja corriendo del lugar. 
—Nunca le pagó lo justo a mi padre por sus cosechas. O era hoy o no era nunca. 

Y sale rumbo a la morada donde dejó a su mujer y a sus hijos. A lo lejos oye que el traquetear incesante de un fusil se queda mudo después de vomitar su carga de muerte. Se oyen ladridos de perros. Minutos después, ve pasar, de regreso, a los hombres alquilados a los Dueños y se dice:
—Estos hifueputas ya hicieron de las suyas.

De repente el latigazo de la culpa le azota el alma. “No debí incendiar la casa con su familia dentro; sólo él era culpable”. Pero de inmediato es poseído por la satisfacción que invade a los hombres después de sentir que cumplieron con un deber; y camina ungido por el viento que baja de la montaña. 

La noche se le pega a la piel del torso desnudo. Llega a una bocacalle y a lo lejos puede ver su casa, fija la mirada sobre ella y vislumbra lo que parece ser una decena de monicongos que titilan borrosos a la luz de una lámpara enganchada en el poste de la energía.  Apresura su caminar. Observa con cuidado. Lo que parecían ser unos monigotes se han convertido, a los ojos de la distancia, en figuras de carne y hueso.

Llega hasta ellas:
—¿Qué pasa aquí? –pregunta.
—Oímos los tiros… –le contestan.
—¿Dónde?
—En tu casa –le aclaran.
—¿Quién hizo los disparos? –indaga angustiado.
—Vimos salir a los perros de los Dueños del Botín.
—¿Qué pasó con mi familia? –balbucea casi llorando.
—Nadie lo sabe porque nadie ha entrado.

El hombre quiere entrar veloz como una flecha pero se detiene en seco en la puerta de acceso. Un olor a sangre fresca le hace expulsar el contenido de su estómago sobre el arañazo venenoso de la serpiente en su pantalón de dril. La sangre del zumbido del mosquito que aplastó contra la cara le aguza aun más el olfato y la imagen de la serpiente sin cabeza le aturde el cerebro.

Pero se repone, y entra a la vivienda. 

Su mujer yace de cara al cielo, pálida, con el verde de los ojos destrozado y un grito de socorro asomado en la boca.

Los cuerpos de sus tres pequeños hijos –tendidos de espaldas a la vida–tienen señales inequívocas de haber sido derribados mientras huían.

EL CUENTO BREVE: PATITO FEO DE LA LITERATURA

Por: José Gabriel Coley 


El cuento breve, cuento corto, minicuento, cuento mínimo, prosopoema, poema en prosa o como quiera llamársele, evoluciona del cuento literario tradicional. En él se distingue fundamentalmente el asombro, el estupor, el desconcierto final, aunque lo que se narre solo sea una miserable historia. La necesidad de destacar la tensión y el “golpe bajo” (sorpresa) de que nos habla Cortázar, ha hecho que el cuento literario, generalmente cargado y recargado de rellenos innecesarios y de anecdotismos inútiles, se sintetice en el cuento breve.


“De una manera que ninguna técnica podrá enseñar o proveer, el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, en una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder el contacto con la desvaída realidad que lo rodea y arrastrarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, mucha veces de alivio, tantas otras de resignación”.

Los temas de los cuentos breves en este atropellado mundo moderno son aquellos cuya crisis, por su rapidez, exigen la brevedad; simplifican, condensan, proceden por omisión más bien que por desarrollo, proyectan su luz por alguna circunstancia de una situación; no constituyen un gran cuadro, sino una miniatura exactamente dibujada. Su génesis es con frecuencia rápida, instantánea, como una iluminación, muy semejante a la poesía. Su técnica e intención sirven para expresar o despertar en el lector de hoy un tipo especial de emoción, ciertos estados del alma, ciertas claridades del espíritu. No se permiten esperas. Es ya, o ya.

La limitación del cuento a una extensión corta, la necesidad de que provea, con esa forma instantánea, una impresión indivisa sobre el lector, a la que deben estar subordinados todos los aspectos, explican y exigen el primer elemento esencial de este género: la síntesis. Síntesis significa reducción, eliminación y depuración para dejar lo que es absolutamente necesario.

Síntesis desde el tema claramente delimitado y el núcleo argumental bien definido; síntesis en el modo de narrarlo, eliminando deliberadamente toda retórica. Supresión de todo lo superfluo, como exordios, digresiones, ideas intermedias, etc., porque lo que se pretende es enganchar desde el comienzo al lector y llevarle irremisiblemente al núcleo narrativo donde se encuentre solo con “el cordial latido del autor”, sin inoportunos adornos verbales.

No obstante, es indispensable aclarar algo sobre el calificativo “cuento breve”. El término cuento breve o corto, que no equivale a la traducción literal de “short story”, no es tan tautológico, perogrullesco o pleonástico como se le tilda. Se hace necesario, entonces, el empleo de ambos términos (cuento-breve) para distinguirlo. El fundamento distintivo es la síntesis que este logra, sin llegar por supuesto, a los límites de la estrechez asfixiante. Las tramas deberán resolverse, sin esquematismo, ni anecdotismo, sino a través de un curso lógico, sin gasto de retoricismos huecos.

Los cuentos breves deben ser especies de “flashes”, de repentinos golpes de luz, de lamparazos, que capten un contexto rico en emociones e imágenes. O sea que, mientras los escritores de cuentos tradicionales se dan al regodeo de la cámara lenta, lo otros disparan el obturador literario apoderándose de instantáneas sugerentes. Así queda para después la postal, porque postales son los cuentos breves, postales de la vida.

Los cuentos breves son cápsulas, comprimidos, grageas cargadas del desconcierto, de humor, de ironía. Son píldoras bien doradas destinadas a aliviar ciertos padecimientos del alma y con las cuales se puede también irritar el espíritu. Y no es que se tenga gula por lo breve, o afanes liliputienses, sino que en esos concentrados se encuentra un sabor propio e intenso, de esencia, que denota calidad y no cantidad.

El cuento breve tiene la dosis justa de argumento y poesía, destacándose la tensión y el “golpe bajo” con un lenguaje más bien directo, sin hojarascas, sin quincallerías, sin estupideces, sacándole el cuerpo a la basurita, lo cual instaura  una nueva retórica: la de la sobriedad, la de la contención, podada de excrecencias “literatúrgicas” (como pudieran denominarse a esos lastres, a esos excesos, a esos artilugios que están llenos de tantos cuentos tradicionales, sobre todo en nuestro medio). De esta manera todo buen cuento breve debe quedar de inmediato flotando como un loto, como una tarulla tierna, viva, en el lago de nuestra conciencia.

“Los encantos del cuento corto están representados en su apretada forma de sugerir una idea o permitir una reflexión, por lo general más extensa y profunda que el cuento mismo. El lector del cuento corto tiene que habérselas con una mónada conceptual en cuyo interior pulsa un universo de conglutinadas posibilidades, tan capaces de materializarse en nuevas expresiones estéticas cuan fecunda pueda efectivamente ser la potencialidad creadora del lector”.

En definitiva, un buen cuento breve es una gota de agua cristalina que, en su prisma, refleja todo el microcosmo humano. Una artista de luz herida que intercepta los dos planos de la realidad: el del mundo y el del espíritu. Una partícula sutil que, contiene una armonía interna, deslumbrante y vital. En fin, y sin tratar de sintetizar la síntesis, “pequeños pececitos de oro que sólo los buenos Aurelianos saben esculpir”.

El cuento breve, despreciado por muchos como un hijo bastardo del cuento literario tradicional, igual que el patito feo del escritor danés, ya empezó a nadar, a hermosearse y a convertirse en cisne.

domingo, 22 de enero de 2017

domingo, 8 de enero de 2017

Lea los diferentes números de la Revista Suenan Timbres aquí:





martes, 17 de mayo de 2011

Nostalgia Sentimental

Por:
Giovannis Montes Oviedo

El pasado 9 de abril me senté frente al computador y me puse a ver la página La Jeta, y se me vino a la mente aquellos tiempos cuando existía el Grupo Teatral Segunda Independencia, GRUTESI. Al ver aquellas fotos, una vez más, me llené de nostalgia.
Yo creo que momentos como aquellos son difíciles de olvidar. Al lado de grandes amigos, que más que amigos, éramos como una familia.
Para mí, los mejores años de mi juventud los viví en el GRUTESI.
Cómo no recordar, por ejemplo, nuestra primera salida de Sincelejo. Fue a Varsovia, (corregimiento del municipio de Toluviejo, Sucre). Esa experiencia fue inolvidable. Pero las salidas que más recuerdo y nostalgia me dan fueron las que hicimos a Las Piedras y a Sincé. A Sincé porque era nuestra primera prueba de fuego ya que ese municipio del departamento de Sucre, era considerado en esos tiempos y sin dudas aún lo es, una población muy conocedora de teatro.
Ver aquellas fotos, recordar a los amigos que están en ellas, recordar también los buenos momentos que vivimos en el GRUTESI…
Amigos que por una u otra razón no se encuentran en Sincelejo. A todos ellos, si algún día leen la revista La Jeta, para todos ellos mis más sinceros saludo y un fuerte abrazo de mi parte.

sábado, 25 de julio de 2009

VIDEOS DE LA INTERVENCIÓN DEL MAESTRO CALARCÁ

PARA VER LOS VIDEOS DE LA INTERVENCIÓN DEL MAESTRO CALARCÁ EN EL HOMENAJE QUE LE RINDIÓ LA REVISTA LA JETA EL 26 DE JUNIO DE 2009 EN BOGOTÁ, COLOMBIA. HAGA CLIC AQUI

POESÍA Y PINTURA

Oswaldo Karo y Arlés Herrera: Maestros y Artistas

Por Rafael Carrascal

Los pasados viernes 8 de mayo y 26 de junio del año 2009, la Revista de Arte y Cultura LA JETA, en el espacio denominado Viernes Cultural, rindió homenaje a dos grandes artistas. Uno es el escritor y poeta Oswaldo Karo Amaya y el otro el pintor y caricaturista, maestro Arlés Herrera – CALARCÁ.

El maestro Karo, como le decimos cariñosamente sus amigos y calificativo que se ha ganado gracias a sus muchas enseñanzas desde su poesía, nos muestra la cruda realidad que vive el pueblo colombiano involucrado en una guerra fratricida impuesta por la oligarquía y la injusticia social. Conflicto que ha cobrado más de 4 millones de desarraigados, quienes han sido desplazados a la fuerza de sus terruños. El mismo poeta ha tenido que vivir esa situación.

El acto de homenaje a Oswaldo Karo, estuvo engalanado con la presencia de varios poetas: Julio Lamboglia, Rubén Darío Arroyo, José Luis Colegial; los cuales nos deleitaron con la lectura de algunas de sus poesías.

El 26 de junio fue el acto de reconocimiento al maestro Arlés Herrera (Calarcá). Pintor y caricaturista el cual cumplió sus primeros 75 años de edad y de los cuales ha dedicado más de 50 años a la vida artística. Nos muestra a través de su obra, la realidad, de los oprimidos, de los trabajadores y del pueblo en general, así como también la insensatez, la avaricia, la violencia, la intolerancia, la intransigencia y la brutalidad de la oligarquía y la clase gobernante, quienes aplican todas las formas de exterminio contra los opositores y los sectores más desfavorecidos. Situación que se ha empeorado con el inquilino de la “Casa de Nari” (léase Álvaro Uribe y sus secuaces).

Fue un evento emotivo, colmado de anécdotas sobre la vida del artista, que tiene el don “de la eterna juventud”, según lo dijo Carlos Lozano, director de VOZ.

Cuando el maestro Arlés Herrera hizo uso de la palabra para agradecer el sentido homenaje, “relató su ingreso al Partido, sus luchas y su vocación comunista, así como también de los personajes míticos, de héroes y heroínas de nuestro pueblo aborigen latinoamericano en su lucha contra el etnocidio español durante la época de invasión y colonización de nuestros territorios. Mencionó entre otros a Anacaona, mujer revolucionaria indígena de la Costa Caribe; la lucha de los Araucanos con Lautaro; a Tupac Amarú y su esposa Micaela; José Antonio Galán; Pipatón; a Yarima; a Juan Tama; y por supuesto que también recordó a sus compañeros de lucha de la Unión Patriótica, y que fueron miles los asesinado por este régimen en su aplicación del Terrorismo de Estado y que hoy se prolonga con la política de “seguridad democrática”, contra los hombres y mujeres que piensan en bien de la humanidad. Otros luchadores latinoamericanos que recordó fueron Emiliano Zapata, Pancho Villa, Augusto César Sandino.

El amor por la cultura ancestral es un aliento para el maestro CALARCÁ y como dice él, para poder contarles a sus nietos, a los jóvenes las cosas hermosas de esas culturas. Hablar por ejemplo de los espejos de agua del Amazonas, de la luna coqueta, las lagunas sagradas, el sol, el orfeo de las selvas del Caquetá llamado Yurupari.

En el Homenaje a estos artistas también se vincularon el Colectivo de Artistas Luis Vidales y el Semanario VOZ. Los Hermanos Escamillas nos deleitaron con su aporte musical entonando canciones protesta en el homenaje a CALARCÁ.

Ya para finalizar me atrevería a decir que el pincel y el cuadro son la expresión poética del pintor, así como el papel es el lienzo donde refleja la obra pictórica el poeta.

Recomiendo a los lectores y lectoras escuchar y ver los cortos videos de la intervención del Maestro CALARCÁ, donde se puede escuchar de viva voz y más ampliamente todo este comentario que les he mencionado.

viernes, 5 de junio de 2009

POEMAS DE RUBEN DARIO ARROYO OSORIO

EL AMANTE I

Mientras la luna
intenta besar a las palmeras
de las costas,
los amantes ríen
de aquellos que esperan su retorno.

EL AMANTE II

En cada infiel
siempre hay un equívoco infinito:
el amante desconoce
los oficios –non santos-
de su pareja en la otra orilla.

EL AMANTE III

El amante espera, mira su reloj, transpira,
dibuja un paisaje en miniatura,
mira al espejo para ver
a quienes lo ven agonizando en su ritual.
La amante sin afán alguno,
perfila sus pestañas en el espejo
del auto que la lleva,
se da un nuevo toque de perfume.
La cita se consuma:
los amantes se beben el último aliento
entre el aire fresco de la tarde,
algunos sorbos de licor y música de ayer.
regresan a sus lechos de orígenes.
Es posible que mañana cada uno se pregunte
entre prevenciones y viejos temores
¿Quién estará engañando a quién?.

ESCENA COTIDIANA.
In memoria de Jorge Ortega.

Llueve.
La sombra se apodera de todos los espacios,
Las calles se llenan de seres afanados
que buscan alcanzar momentos de reposo.
Se escuchan gritos y disparos,
El miedo habita cada poro,
cientos de niños mendigan en todas las
esquinas.
Las prostitutas baratas se disputan
los clientes que a esta hora de la noche
quieren espantar tanta desolación
agazapada entre su piel.
El frío penetra en cada uno de los huesos
y obliga a esos caminantes
a buscar el alivio de sus manos, de sus ojos
de su alma.
Y un poeta que viene con el viento
de un mar embravecido cierra los puños y se lamenta
que todavía persistan tantos dolores
entre los habitantes que quedan el la tierra.
mañana otra viuda llorarla padre de sus hijos
inmolado por haber tocado las llagas
que están pudriendo el país donde nacimos.

ESQUELA.

A veces
me siento
como Heráclito sin fuego.
Puede pensarse
que es por las guerras
de este tiempo.
Es por tu ausencia.

MOMENTO

En un momento
Un hombre viejo
Y muy sabio
Escondió la cicuta
Para evitarme
El final de la nada
Que llevo en estas manos indefensas.


HISTORIA BREVE.

El suicida tenso
Se balanceaba
En el piso veintidós,
Ya casi nada
ni nadie
podía persuadirlo
de aquel salto
más allá del tiempo.
Alguien.
no se sabe quién
dijo
que ella había regresado
con la lluvia.

UNA POSTAL

En la tarde
El sábado se detiene,
una joven esbelta
patina alegre por el parque,
los robles soberbios
danzan la cumbia del viento ebrio.
Sobre el césped
unos mendigos
disputan monedas y migajas,
dos amantes se besan
olvidando el ruido Y la violencia.
De mi no te preocupes:
pienso en ti.

EPIGRAMA II.

Absortos
río
abajo
veinte cadáveres miran el cielo plomizo.
Los diarios venden la noticia.
Un poeta
Bebe toda su tristeza
Y se va muriendo
En el nuevo silencio que se instala.

EPIGRAMA XV.

El hombre se levanta,
mira su rostro en el espejo,
Contempla las líneas de sus manos,
se calza los zapatos, abotona su camisa
y atraviesa la ciudad que apenas se despierta.
Esta vez
tampoco bastaron los anuncios de prensa
describiendo su rostro y sus señales.

EPIGRAMA XX.


“Mi patria está más allá de la necesidad
Y mis canciones son agresivas, tercas y tímidas”
ADNAN AL SAYEGH.

Es sábado de tarde abúlica
Y firmamento oscurecido.
Los perros sacan a pasear a sus dueños.
En el parque dos rufianes pelean
el botín de su último robo.
En la televisión el Presidente de la República
Da un parte de victoria:
Sólo murieron treinta soldados de la patria- dice,
toma un sorbo de agua y se despide acongojado.
Yo escondo mi cicuta y me embriago todo.
Es la mañana del domingo,
entre una y otra blasfemia
Sonrío y escribo este epigrama inofensivo.


Lea aquí: Por las Rendijas del Tiempo, de Oswaldo Karo A.